"La vida es demasiado fabulosa, para ser fabulada"
Dominique La Pierre



sábado, 8 de noviembre de 2014

La vida loca: Es difícil ser humano

Conforme más tiempo pasa, más me convenzo de que esto de ser humano, es verdaderamente complicado. Presiento que la raíz del problema radica en la creencia generalizada, de que somos HOMO-SAPIENS, cuando la verdad de las cosas, es que de sabios naturales, tenemos muy poco los hombres y mujeres que habitamos este planeta.

De hecho, lo que se nos da de natural, es crear caminos y procesos que resultan ser contrarios a la sabiduría... Creemos que la enseñanza consiste en acumular datos, la riqueza en satisfacer necesidades que nosotros mismos creamos y juramos que ser "personas de bien", consiste en trabajar como autómatas para proveer a nuestras familias... no importa en qué ni para qué, mientras estemos trabajando, juramos que somos los mejores.

Como hormiguitas en cadena nos movemos sin cesar, acumulando años de existencia, sin mucha conciencia de qué somos ni para qué estamos aquí, y lo que es peor, pactando tácitamente con proyectos que destruyen y nos destruyen, sin enterarnos siquiera.

Sospecho que es este vivir como zombies, lo que nos deja de repente desconsolados ante las atrocidades que tienen lugar en este hermoso mundo. Y sí, resulta imposible no escupir pa´arriba y despotricar de "la humanidad" tan nuestra, cuando nos levantamos una mañana y otra también para ser testigos de asesinatos, masacres sádicas, manipulaciones corporativas, nula ética alimentaria y millones y millones de niños, mujeres y hombres de toda raza y nacionalidad, empantanados en un lodazal de venenos para el cuerpo, para la mente y para el alma... Hacemos bien en escupir pa´arriba, todos los humanos somos responsables de esa realidad, que de una u otra forma nos golpea y nos deja adoloridos. El problema a resolver es, ¿cómo podemos revertir el proceso? ¿es posible realmente revertirlo? ¿para qué queremos hacerlo?

Tras tantos siglos en estas dimensiones, creo que está claro que la sociedad ideal, de paz absoluta y amor reinante no ha sido posible y probablemente nunca lo sea... Esa perfección es contraria a nuestra naturaleza. Sin embargo eso no significa que no podamos sanear este enorme cuerpo colectivo que llamado raza humana...así como el cuerpo es capaz de vencer los cánceres que lo aquejan, esta lucha de elevación  debe ser posible... solo hay que estar conscientes de que será un ciclo de regeneración continua, que ha de repetirse biologicamente de manera infinita, sin descanso.

El punto es...¿qué camino hay que seguir?.  Las revoluciones armadas, son semilleros de caos que rara vez logran los objetivos planteados, si no es que nunca. Los movimientos religiosos pierden su alma al momento en que se masifican, Las revoluciones pacíficas son muy lentas y encabronan a los automovilistas y comerciantes de las áreas afectadas. El poder corrompe.... tons pa´ dónde?

Si alguien lee esto y lo sabe, le agradeceré grandemente que me lo diga... Mientras tanto creo que de manera individual optaré por la tendencia sistémica y ASENTIRÉ a esta realidad en la que vivo y vivimos todos y confiaré en las recomendaciones de mi gurú y seguiré recitando HO´OPONOPONOS,  esperando que "el amor expresado por medio de mis palabras logre liberar nuestros caminos"... y aunque a ratos me rompa el dolor y la tristeza colectiva, y me canse por no verle fin al camino, como seguramente nos cansamos todos, trataré de no soltar la roca que me devuelva a mi centro, pero prefiero llorar y perder la paz un par de días, antes que permanecer indiferente.



miércoles, 19 de febrero de 2014

Síndrome - Café

Hay lugares que le recuerdan a uno el sentido de la vida y el Síndrome- Café siempre ha sido para mí uno de esos sitios. ¿Por qué? No tengo idea... Sólo sé que el espacio me invitó hace 18 años, como me ha invitado ahora, a expresar con soltura todos los matices de mi alma.

Es como un nido en el que se vale expresarlo todo: enojo, rabia, dolor, amistad, sensualidad, alegría, amor, desacuerdo, asombro, placer, miedo, libertad.... Todas las emociones que dan impulso a la vida, sin etiqueta, sin bueno ni malo, sin reparo, sin sombras ni culpas.

Es posible que sea la luna, que se une a la fiesta nocturna del síndrome, colándose curiosa entre las ramas de los árboles que forman la cúpula de su escenario central...

Es posible que sea la música, tan distinta, tan variada, tan nueva y tan vieja, tan íntima y tan extraña, según van fluyendo con las horas...

O quizá sea la gente que lo concurre, colmenas de desconocidos hechos uno contigo al pretexto de una copa, de una rola, de un comentario sagaz o una mirada de complicidad...

O el cantinero, que pone los tragos a la Europea: rápido y bien servidos...

Pude que sean los dueños que presiden generosamente la fiesta, al pendiente de todos los detalles que integran el ambiente...

Incluso hay quienes dicen que es más bien el café que sirven por las tardes, lo que le da su toque...

Probablemente es la leyenda... la leyenda de todo lo que puedes ser y hacer en el Síndrome, de las incontables noches para recordar que gente tan distinta y tan distante, hemos coleccionado en ese espacio. Esa sensacióncilla alentadora que te queda la mañana siguiente, en la que estás por cierto que TODO VA BIEN y hay que disfrutar la vida, como viene, como va, como es: Muriendo mil veces, renaciendo otras mil... perdiéndonos y encontrándonos; encogiéndonos y estirándonos a conveniencia de la gran sinfonía.





lunes, 7 de octubre de 2013

Otoño y primavera

El otoño llegó y la placita frente a mi casa se pone divina: Guayabos cuajados de frutos, nísperos a punto de madurar y un divertido desfile de ardillas cruzando la calle todo el día para recolectar las preciadas frutas… En unas semanas el guayabo japonés y el de corazón rosa estarán con sus frutas a punto y entonces las simpáticas ardillas deberán vérselas conmigo para ver quien corre más rápido a por esas delicias.
A este punto desconozco si podré compartir estos placeres de mi pueblo con mis pequeñas, pero definitivamente me hubiese encantado. Yo crecí en el cerro donde se ubica el fraccionamiento que alberga mi casa. Las callecillas empedradas que le dan forma son cómplices de centenares de mis más ingeniosas travesuras infantiles y de algún modo es divertido salir a pasear a mi perrita e ir haciendo memoria de muchas de ellas. Definitivamente pocas cosas tan excitantes como ser niño… más aún cuando lo puedes serlo al aire libre.


En estos días la población infantil de este código postal ha disminuido considerablemente y las pocas palomillas que aún sobreviven, han variado bastante sus medios de entretenimiento, limitando sustancialmente el tiempo de exploración al aire libre. Cada tiempo sus costumbres, cada generación sus tendencias… me niego a observar el quehacer de la presente generación infantil desde el amargo y presuntuoso prejuicio de “antes estábamos mejor”… Esa línea siempre me ha sonado amarga y desde este momento de mi identidad, la considero asfixiantemente estrecha y falta de sentido.

Digo que falta de sentido, porque declarar que tiempos pasados fueron mejores es hacer alarde de un tránsito autómata por este mundo así como de la experiencia de lo que lo conforma. Simplemente, es imposible emitir un juicio sobre la bondad-maldad-superioridad o mediocridad de las circunstancias infantiles actuales, porque no sabemos lo que significa ser niño en el tiempo actual. Así como cada año la primavera es diferente a la primavera anterior; y cada otoño se comporta de manera diversa, del mismo modo los niños de hace cinco, cuatro, tres, dos o una década no son los mismos a los de ahora, porque el mundo en el que se desarrollan muta a ritmo acelerado. Este cambio evolutivo escapa a cualquier posibilidad de calificación o juicio de valor y desde mi particular sentir, esta postura abre a la observación de las realidades y el descubrimiento de sus intrínsecas razones, propósitos y trayectorias.

El juicio cierra puertas, la observación abre horizontes y acerca integralmente a las personas y los fenómenos sociales, facilitando estratégicamente el dialogo, el acompañamiento, la colaboración y la creación en conjunto… Cuerpo, mente y alma abiertos y dispuestos a hacer y ser juntos. Que puedo decir, me gustan los niños… los de hoy, los de ayer, los de mañana. Me embelesa la promesa de amor y belleza que expresan en cada uno de sus movimientos, sueños, caprichos y conflictos. Me conmueve la sinceridad con que transparentan los dolores de sus pequeñas almitas, sus luchas y sus triunfos. Me nutre observarlos y poco me importa si puedo ser testigo de su plenitud mientras juegan videojuegos, o nadan, o exploran la montaña, o construyen castillos de arena, o cantan frente a un monitor mientras hacen “Guitar Hero”… Sus medios de entrenamiento varían, sus habilidades apuntan en direcciones distintas según la generación que integran, pero la esencia permanece inmutable en este mundo misterioso donde cada explosión de vida es promesa de un destino único y glorioso casi siempre infinitamente más grande y luminoso de lo que nuestra obtusa intuición nos permite vislumbrar.

Eres mi reflejo, y encuentro más placer en contemplarte que en controlarte o juzgarte…

“Las personas con quienes nos relacionamos introducen en nuestra vida, y nosotros en las de ellas, revelaciones sobre nuestras fuerzas y debilidades. Desde las relaciones en el seno del hogar hasta las laborales, las de comunidad y la actividad política, ninguna unión está exenta de valor espiritual; cada una contribuye a hacernos crecer como personas. Nos resulta más fácil ver el valor simbólico de nuestras relaciones cuando abandonamos la compulsión a juzgar qué y quién tiene valor y en su lugar en honrar a la persona”. CarolineMyss- Anatomía del espíritu-Pg. 160. Parrf. 3.