"La vida es demasiado fabulosa, para ser fabulada"
Dominique La Pierre



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sábado, 2 de julio de 2011

La solitaria hora de la rabiosa envida

En la solitaria hora de la rabiosa envidia, le reclamo a mi cuerpo no tener las mieles que te encantan
Miro con ira el cadencioso ritmo de las caderas que sí te atrapan
Estiro mis manos a la nada y anhelo el tiempo en que sea capaz de dejarte ir

Si no sintiera vértigo, me soltaría de tí
si no me doliera el vientre en tu presencia, me quedaría contigo
Si lograra no quererte, pasaría de largo sin percibir tu alma y lograría por fin enterrarte en el olvido...
Mejor aún, odiarte por no verme, reprocharte con bravura, que te atrevas a pasar de mi.
En la rabiosa hora de la solitaria envida, tu ausencia es infinita y mi alma apunta a huir de tí.

Celos

sábado, 4 de diciembre de 2010

Lobo estepario

La soledad ha sido una constante en mi vida y ha dejado con los años frutos, triunfos y defectos.

Su primer fruto fue dotarme de inquietud y curiosidad insaciable por explorar el mundo. Apetito que me ha sido fácil ir satisfaciendo al no sentirme atada a ningún lugar, ni ameritar la compañía de un otro para emprender mis viajes.

Su gran triunfo ha sido, que ante la soledad obligada por la muerte de mis padres y más tarde el divorcio, me ha impulsado a abrirme camino y forjarme una vida para mis hijas bastante satisfactoria, dadas las circunstancias.

El defecto... en realidad son varios pero el más grande sin duda es un crecimiento indiscriminado de mi ego, que me ha vuelto hipersensible a la corrección y la critica, de modo que me toma mucho tiempo asimilarlas y tomarlas en su correcta perspectiva.

Cuando alguien que admiro me hace una observación correctiva, lo primero que se activa es el pánico absoluto a perder el afecto del que me interpela. Una nube espesa de vapores de angustia invade mi cabeza y va bajando hasta asfixiarme el alma, embruteciéndome al grado de la desesperanza. Como si lo único que fuera valioso de mí, fuese mi capacidad de hacer, y el entendimiento de no haber hecho algo necesario a los ojos del otro, me anulara como ser... La intensidad de mi desazón es tal, que a veces me toma semanas retomar mi centro. Lo bueno es que zambuirme en mis temores, me lleva invariablemente a triunfar sobre alguno de ellos. Es por eso que sin importar cuánto me duelan mis confusiones, quiero exponerme a sufrirlas la mayor cantidad de veces posible...así que ya saben, observen, analicen, corrijan y critiquen ;)


martes, 19 de octubre de 2010

Queso, manzana, Carlota y vino

Cena: Trozo de queso, manzana , una porción de Carlota y una copa de vino tinto.

Me he tenido que dar dos duchas de agua helada entre las cuatro y las once de la noche. Traigo pegada a la piel una inquietante necesidad de abrazo que esperaba se despegara por fin con el agua helada, pero ha sido en vano.

Aplico frotando la loción hidratante en todo mi cuerpo, esperando que la fricción termine con esta necesidad incómoda, ya que las duchas no lo consiguieron. Nada. Sigo igual.

Decido marcarle a la Musa, su voz y sus versos suelen tener un efecto abrigador en mí, es posible que escucharlo me proporcione alivio. No funciona, la otrora etapa de intimidad ha dado paso al período trivial y divertido. Nuestro nuevo ritmo de conversasión claro y cristalino, alegra pero ya no abriga. Cuelgo el teléfono un poco decepcionada. De repente uno le exige mucho a las Musas, pobres criaturas explotadas.

Quizá comer algo sea la solución. Parto un trozo de queso, divido a la mitad una dulce manzana amarilla y me sirvo un vaso de vino tinto. En ese momento me doy cuenta que Carlota ha publicado un nuevo post hace tres días y se ha lucido con el titulo. Promete ser un bocado dulce delicioso, como casi todos los cachos de inspiración que regala Carlota. No me defrauda. Tomando como escenario una corta caminata invernal, hace un conmovedor retrato del sentimiento de desamparo, en que me reflejo por completo.

Los sabores contrastantes que he elegido para confeccionar mi cena se mezclan con suavidad en mi paladar, creando una nueva experiencia que me abre el pecho. Un queso fuerte matizado por una manzana tersa y sedosa; un vino maduro de gran cuerpo diluido con la dulce mielecilla que las letras de Carlota le sacan a mis papilas, se van deslizando por mi garganta como bálsamo tibio. Finalmente lanzo un hondo suspiro al que acompañan unas lágrimas sinceras y esclarecedoras.

No lucho más contra mi anhelo de abrigo. Cepillo mis dientes, perfumo mi cuerpo y me meto en la cama pidiéndole a mi Angel que duerma conmigo y me abrace.Es una noche fresca y siento frío pero con este  pensamiento me cobijo:

 
Tengo una soledad
Tan concurrida
Tan llena de nostalgias

Y de rostros de vos
De adioses de hace tiempo
Y besos bienvenidos
De primeras de cambio
Y de último vagón.




Tengo una soledad
Tan concurrida
Que puedo organizarla
Como una procesión
Por colores
Tamaños
Y promesas


Por época
Por tacto
Y por sabor.


Sin un temblor de más
Me abrazo a tus ausencias
Que asisten y me asisten
Con mi rostro de vos.


Estoy lleno de sombras
De noches y deseos
De risas y de alguna
Maldición.
Mis huéspedes concurren
Concurren como sueños
Con sus rencores nuevos
Su falta de candor


Yo les pongo una escoba
Tras la puerta
Porque quiero estar solo
Con mi rostro de vos.


Pero el rostro de vos
Mira a otra parte
Con sus ojos de amor
Que ya no aman
Como víveres
Que buscan a su hambre
Miran y miran
Y apagan mi jornada.


Las paredes se van
Queda la noche
Las nostalgias se van
No queda nada.


Ya mi rostro de vos
Cierra los ojos
Y es una soledad
Tan desolada

Mario Benedetti