"La vida es demasiado fabulosa, para ser fabulada"
Dominique La Pierre



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domingo, 25 de septiembre de 2011

Pacto de amor a mis hijas

Cada pacto de dolor que haces con la vida; cada anclaje con la rabia y la amargura, puede tener una resonancia inimaginable... Por eso, si en el tránsito de este viaje, el camino te lacera con sus espinas; si veleidosamente desprecias la infinita y delicada vida que te ha tocado, maltratándola y auntoinfringiendote dolorosísimas heridas.... toma de ese dolor unicamente la lección y abandona el latido punzante de tu Ego, en el más profundo de los pozos que encuentres por tu camino. Lánzalo lejos, a un hoyo negro lejanísimo y transfórmalo en luz....pues siempre es bueno heredar lecciones de vida a tu desendencia, pero jamás será buena dote, heredar dolor.



Por eso cada domingo, cuando tu ausencia me araña el alma y amenaza con embriagarme el llanto lastimero; por tí misma mi niña preciosa, me sacudó un poco y le cierro la puerta a ese dolor paralizante y cegador, que podría llevarme a transferir amargura y confusión a tu luminosa vida, que es en sí misma, amor.

sábado, 30 de julio de 2011

Marcha de Calaveras: Despertar conciencia (Invertir en sanar)

Vivo en un país hermoso, que cada mañana me da la bienvenida a la vida con un cielo esplendoroso, árboles color esmeralda, exuberantemente vivos, mares turquesas que besan playas doradas y algunas otras blancas como márfil. Un país situado en una tierra generosa, donde cada uno de sus frutos, regalan a mi paladar explosiones de sabor multicolor y nutren mi cuerpo con bondad energética.

Este país mío tan basto, rico y amado sufre dos situaciones hermanas que laceran nuestra vida: La pobreza patrimonial y moral de muchos de sus pobladores, asociada a ya casi una década de lucha sanguínaria ligada al crimen organizado.

La pobreza patrimonial y moral, fue incubadora de lo segundo. Dejamos crecer a la par pobreza y crimen hasta desbordarse y hoy sufrimos las consecuencias todos, porque TODOS fuimos partícipes de su gestación. De manera activa o pasiva; aliados a ellos o en la pretensiosa indiferencia, del que que cree que esa "mierda" no lo va a alcanzar, la verdad es que no habemos adultos mexicanos, que podamos deslindarnos de la responsabilidad por lo que ahora vivimos.

Por tanto, hoy todos sufrimos con los titulares de los períodicos, viendo como un día sí y otro también, la sangre de propios y extraños es derramada sin ninguna economía, marcando presente y futuro de miles de familias, que ven sus historias laceradas por la violencia.

La cuestión es que nos los matan a todos. No importa ya si están implicados en el crimen o no; para ser precisos, nunca importó, la realidad es que vemos la ira irracional actuar impetuosa y arrasar todo lo que se pone a su paso. Se destruye el presente y aún más catastrófico, se deja la semilla de violencia sembrada, para que vuelva a brotar, con mayor virulencia, en las próximas generaciones. Porque el dolor, la humillación, el afán de venganza son raices amargas, muy difíciles de arrancar de la historia de un alma o del alma toda de una familia.

Albert Einstein decía que no servirá de nada limitar la creación o comercialización de instrumentos de destrucción, mientras no se logre sanar el origen del mal. Nuestra situación actual, pone en absoluto manifiesto la veracidad de esa reflexión. Estamos en un punto en el que nos urge crear una nueva vía: La indiferencia de años no es opción; la lucha frontal sectaria tampoco.

Todo parece que es momento de invertir a largo plazo. Invertir en fuentes de saneamiento social desde la raíz; cambiar la indiferencia egocentrica, en participación ciudadana; los paliativos de labor social, por educación y fuentes de trabajo; el dinero que fácil crece y fácil se evapora, por producción sólida; la vida en evasión por el compromiso sereno de forjar la propia historia.

Nosotros damos como primer paso de nuestra opción por la participación ciudadana, la organización de una marcha, que en la mente de los organizadores es más bien un acto psicomágico en el que buscamos despertar nuestra conciencia y la de nuestra comunidad, a la atroz realidad de la muerte violenta, en cualquiera de sus ámbitos.

La muerte violenta destruye y crea dolores milenarios. Cada asesinato paraliza la vida toda de nuestra realidad colectiva: Disminuye nuestra creatividad, engarrota la fuerza emprendedora, paraliza con miedo neurótico la enonomía, la vida social y el desarrollo civil de nuestras comunidades. La muerte violenta aplasta y disminuye el alma.

Por eso nos reuniremos 40 mil almas, y nos vestiremos de muerte y avanzaremos en una marcha que tiene como principal objetivo, sacudir nuestra conciencia: No pases tus días en la indiferencia, limitandote a mentarle la madre al gobierno porque tu negocio no produce, porque tu arte no es apoyado, porque tu pequeño no aprende nada en la escuela y ya tiene planeado "de grande" ser sicario y tener muchos billetes rojos. Da un primer paso, has que tu presencia se note en tu sociedad haciendo un homenaje a los 40 mil caídos por crímenes violentos en los últimos 5 años. Vístete con su muerte, hazla tuya y con ese acto firma un pacto personal de nunca más matar con indiferencia.

Esta marcha fue el resultado de la pregunta de un joven mexicano a Jodorowski en el tweeter. Un joven de apenas veintitantos años, que como tu y como yo, amaneció con dolor en el estomago al ver a su alrededor tanta sangre derramada. Jodorowski le dió por solución este acto, que no viene a ser otra cosa que lo que ya dijimos: Despertar la conciencia e invertir en sanar.

jueves, 10 de marzo de 2011

Dolor

En mis épocas de monja, escuché a menudo un termino familiar para los católicos. "El cuerpo místico de Cristo".

En su credo, manejan este término para referirse a la unidad de la raza humana, unidad que asemejan a un cuerpo en el cual, cuando una parte de éste sufre, toda la unidad siente el malestar. Cuando alguno de los miembros sana, el cuerpo entero se reconforta. Esta es la raíz por la cual el amor y la misericordia, se levantan como ejes vectores de la fe católica, al menos en teoría.

Esta mañana escuché tras el auricular de mi teléfono el llanto desgarrador de una madre enterrando a su hijo, el lamento hiriente de una esposa despidiéndo a su esposo y los sollozos angustiantes de dos niños intentando abrazar a su padre encasquetado en un cofre mortuorio. Escuché su dolor y no vi sus rostros; sentí su quebranto sin saber quienes eran. Fue un impacto profundo, directo en el centro de mi estomago, que me herizó las piel y me empañó la mirada.

Ahí fue cuando recordé mi antigua clase de teología.El dolor de esa gente era tan mío, como si me hubiese herido un brazo o una pierna a carne viva. No sé quienes eran los que lloraban, al único que llegué a conocer era al que no estaba, pero el dolor me pertenecia, asi como la obligación de hacer algo para sanarlo, se volvía imperante.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Lobo estepario

La soledad ha sido una constante en mi vida y ha dejado con los años frutos, triunfos y defectos.

Su primer fruto fue dotarme de inquietud y curiosidad insaciable por explorar el mundo. Apetito que me ha sido fácil ir satisfaciendo al no sentirme atada a ningún lugar, ni ameritar la compañía de un otro para emprender mis viajes.

Su gran triunfo ha sido, que ante la soledad obligada por la muerte de mis padres y más tarde el divorcio, me ha impulsado a abrirme camino y forjarme una vida para mis hijas bastante satisfactoria, dadas las circunstancias.

El defecto... en realidad son varios pero el más grande sin duda es un crecimiento indiscriminado de mi ego, que me ha vuelto hipersensible a la corrección y la critica, de modo que me toma mucho tiempo asimilarlas y tomarlas en su correcta perspectiva.

Cuando alguien que admiro me hace una observación correctiva, lo primero que se activa es el pánico absoluto a perder el afecto del que me interpela. Una nube espesa de vapores de angustia invade mi cabeza y va bajando hasta asfixiarme el alma, embruteciéndome al grado de la desesperanza. Como si lo único que fuera valioso de mí, fuese mi capacidad de hacer, y el entendimiento de no haber hecho algo necesario a los ojos del otro, me anulara como ser... La intensidad de mi desazón es tal, que a veces me toma semanas retomar mi centro. Lo bueno es que zambuirme en mis temores, me lleva invariablemente a triunfar sobre alguno de ellos. Es por eso que sin importar cuánto me duelan mis confusiones, quiero exponerme a sufrirlas la mayor cantidad de veces posible...así que ya saben, observen, analicen, corrijan y critiquen ;)


martes, 5 de octubre de 2010

Grief is the price we pay for love

La semana pasada, Eri se fue a estudiar a Londres y en estos primeros días de estancia, nos ha compartido sus descubrimientos de la lluviosa capital británica, con varias fotos. Ayer pude ver con calma el álbum de "The Royal Parks" y encontré una del Mausoleo dedicado a las víctimas del 11/09, en cuyo capitel se lee la siguiente inscripción:
"Grief is the price we pay for love"

No hay consuelo para quien pierde a un ser amado en circunstancias violentas. El sangriento arrebato, convierte la herida en un cráter activo, cuya constante ebullición complica de manera abrumante encontrar la paz. Sin embargo, recordar que ese dolor lacerante es consecuencia de un gran amor, al menos nos marca la pauta para reconocer, cuan  mayor es la fortuna del que sufre porque ha logrado amar, auque pierda al ser amado, sobre la del que no conoce el duelo, porque nunca se ha arriesgado a darse por completo.

Y aquí entro a mi tema, que es mucho más superfluo por cierto. Yo cada vez me enamoro menos. No porque mi naturaleza enamoradisa haya mutado de repente, si lo medimos en cantidad, me sigo enamorando muchas veces; se trata de medirlo en calidad, ya no me enamoro con la intensidad abrasadora con que solía hacerlo. Mis enamoramientos de ahora son, si no superficiales, sí mucho más "cool".  El paso del tiempo me regaló un poquito de madurez y ahora me encuentro en un punto de la vida, en el cual "necesito" menos a los hombres, pero los disfruto mucho más. Sorprendentemente, a pesar de encontrarme en una posición mucho más poderosa, sigo sin dar pie con bola. La tendencia a ir por quien no va por mi, me sigue aún como karma maldito. Antes lo sufría, ahora me da risa, al parecer todavía hace falta recorrer más trecho de camino, para llegar al punto en el que sepa dirigir mi interés hacía un ser espejo, que refleje un interés porporcional por mí y dejar así de lanzar rayos al vacío.

En estos días, uno de los afortunados y circunstanciales objetos de mi afecto, se fue de estos lares. No me sorprendió y dada mi nueva "coolness" para lidiar con estos asuntos, tampoco hice gran drama. Fue hasta horas más tarde que sentí un dolorcillo por arriba la tripa y un poco de tristeza por debajo de las gafas, que me percaté de que andaba de duelo y entonces sentí alegría, estaba pagando mi rato de amor y cuando se pagan esas cuentas, jamás se escatima.



miércoles, 22 de septiembre de 2010

Maternidad

Sentir un aguijón de conmoción en el centro del vientre, puede significar el nacimiento de una aventura o el descubrimiento de un rincón del alma que no habíamos notado antes que existía. El alma es el espacio infinito en que transcurren nuestros días, tan basto y misterioso, que nunca terminamos de descubrirlo. La intuición de esa eterna grata sorpresa por venir, es lo que nos ata a la vida. La ignorancia de su fuerza, nos hunde en la estupidez de la desesperanza, agría, monótona, estúpida, ciega...

El vientre aguijonea de dolor en circunferencia cuando se va a abrir para que una criatura nazca. Causa estertores violentos que paralizan los brazos, que engarrotan las piernas y te obligan a crear una nueva forma de respirar que no conocías, una forma de utilizar la vista por dentro, para guiar a tu hija por el canal de parto hasta la salida, a concentrar tu energía para darle a él o ella el empujón que necesitan para respirar por fin por sí mismos. Conocer a un hijo recién parido, es abrazar un trozo puro de alma que tiene todo por descubrir. La más grandiosa de las promesas.

El dolor anuncia la vida, el dolor la precede, el dolor la acompaña y la mantiene viva. Resistirse a su daga es negarse la posibilidad de seguir descubriéndo el alma, con el universo de posibilidades que encierra. Quien se cierra al dolor se consume y aborta la promesa única de la propia existencia. El que lo descubre como anuncio de vida, no lo maldice ni se amarga; no le teme, no se agota. Una madre sabe esto porque pare muchas veces a cada uno de sus hijos y en ellos reconfirma la certeza de que, a cada punzón doloroso, le sigue una dicha deslumbrante.

Ser madre es regalar vida por partida doble, la del ser que permites se engendre en tu vientre y la propia que crece, renace y se hace nueva cada vez que se adapta a un camino diferente. Se puede ser madre de muchas distintas maneras, puedes ser madre de un hijo que enjendras, de un hijo que acoges, del amigo que consuelas, del discipulo que guías, del proyecto que creas o del sueño que conquistas.

Hay mujeres madre y hombres madre; comunidades madre; maestros madre; sufrimientos madre; situaciones madre... todo ser capaz de acoger un dolor que antecede un nacimiento creador, es capaz de engendrar vida. El que teme al dolor, lo espanta y le rehuye, se condena a sí mismo a la soledad lastimosa de la roca estéril, que tarde o temprano habrá de caer al vacío.

Ser madre es la capacidad creadora de seguir siendo tu, en el caos permante del cambio de planes, desparramando vida, gozándola plena en la certeza que, no hay más sentido que buscarle a los días, cuando se sabe disfrutar la propia existencia.