"La vida es demasiado fabulosa, para ser fabulada"
Dominique La Pierre



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martes, 28 de febrero de 2012

Ronda de ángeles

Mi querido tío Celso dice que mientras los jóvenes son una inyección de energía, los niños son una bendición de vida. Tengo la fortuna de ser madre de dos pequeñitas hermosas que confirman esta afirmación, y en estos meses desérticos lejos de ellas, la bendición en forma de niño me ha llegado a través de los hijos de mis amigas.

Dyer recomienda mantener la armonía con la Fuente de Vida, colocando instantáneas que representen situaciones hermosas, en los lugares de trabajo y vida cotidiana, a fin de siempre contar con elementos que nos recuerden, lo magnificamente abundante, bondadosa y generosa que es nuestra existencia.

Mi trabajo en este tiempo es intinerante y mi hogar está en proceso de construcción, así que con el fin de no olvidarme nunca de los hermosos momentos que han nutrido mi historia gracias al contacto con estos niños, he decidido hacer algunos retratos escritos de mis tiernos angelitos, para llevarlos a todos lados conmigo. Las instantáneas revelarán por sí mismas, que no tienen ningún orden de importancia, simplemente seguiré un órden alfabético para saber por dónde empezar:

Alex

Alex es un estilizado angelito de rubios cabellos y ojos de estrella, que disfruta su elevada condición saltando de nube en nube y regalándo a su madre plumas blancas con las que acaricia su alma, siempre que su guerrera progenitora se encuentra afligida y necesita una caricia divina que le infunda ánimo. Es rápido como la luz, cálido como los rayos del sol y poderosamente lleno de paz. Alex me ha hecho compañía algunas tardes en una torre altísima perdida en algún monte del Bajío, cuando visitando a su madre me ha regalado graciosamente, la energía de su vaporosa presencia...

Emilio

Si el pequeño Emilio se convirtiera en un artefacto, sería sin duda un cascabel, pues reune todos los atributos de tan festivo objeto: Es brillante, astuto, alegre, coqueto y traviesón... Como aún es muy pequeño habla poco con palabras, pero se vale de pícaras miradas y graciosos gestos, para siempre salirse con la suya. Podríamos decir que es como esos ladrones elegantes que salen en las películas de época, tan seductoramente sinvergüenzas, que sin importar lo que te quiten, siempre te dejarán con una amplísima sonrisa y buen sabor de boca. Emilio es una pequeña esfera de energía cargada de música y sonrisas... instantes perfectos de alegría pura en forma de niño...

Fer

El viejo oeste había sufrido siglos de penurias, porque no había llegado la valiente vaquerita Fer, con su corazón gigante, a salvarlos y brindarles un mundo más justo.  La pequeña Fer, aprendió a proteger y llenar de cariño a sus seres queridos, mucho antes de aprender a andar y ni se diga a hablar... Fue privilegiada con un sexto sentido, que le permite llegar siempre a tiempo para defender a sus primos, amiguitos e incluso verdolagones tíos consangüineos y postizos, de cualquier amenaza física o sobre natural que los asolara. A mí por ejemplo, me cubría con sus tiernos bracitos para evitar que la tristeza me sometiera y me daba esperanza de pupila a pupila, mirándome con ternura directamente a los ojos, hasta estar completamente segura de que su mensaje había sido comprendido. "Todo está bien Chiu" me decía con sus castaños ojos de dulce luz... "no hay por qué preocuparse"... Y Fer la vaquerita, nunca se equivoca...

Iñaki

Mientras el lejano oeste es protegido con celo por mi tierna vaquerita, la ciudad puede dormir tranquila, Súper Iñaki está siempre atento y vigilante, dispuesto a poner todos sus superpoderes al servicio del universo. Y es que no hay ser con mayor  fuerza en esta vida, que aquél que tiene la absoluta certeza de poder hacer TODO lo que se propone. Este coqueto pequeñín lo tiene claro y por eso no hay obstáculo capaz de bloquearle el camino. Es increíble la fuerza que puede irradiar un chiquitín de escasos cuatro años y lo mucho que su serena determinación puede enseñar a quienes ya llevamos casi cuatro décadas andando. 

Juan Pablo


Pensar en Juan Pablo es recordar al sol y todos sus atributos, pues al igual que el astro mayor, este fascinante niño transmite con su ser una suerte de sabiduría atemporal, digna de sorprender a muchos. Luminoso, magnánimo, cálido y preciso... Compartir una tarde con Juanpis es tan agradable, como un buen baño dorado en la playa: Restablece la ruta, al tiempo que proporciona un amoroso descanso. Mente sagaz y lengua dorada... escucha, procesa y expresa, creando siempre elocuentes maneras de compartir su sentir con quienes le rodean y para mí fue una suerte estar cerca...


Samuel

Cualquiera que necesite aprender la alegría de vivir, debería pedir una cita con Sammy, quien con su enorme sonrisa podría enseñárselo en una sola mañana. Y es que este hermosísimo pequeño, sonríe con toda el alma, ama estar con la gente y regalar dicha a quienes comparten su espacio con la absoluta pureza de su ser y ésta es tan grande que parece que el enojo o el mal humor no se inventaron en su sistema y mira que si hay alguien que deba esforzarse por andar en esta vida, es el joven Samuel sin duda alguna. Yo por eso siempre que me canso o empiezo a coquetear con el enojo, cierro los ojos y evoco la cantarina sonrisa del bello Sammy... remedio infalible para aferrarme a la alegría.
Y habiendo terminado los retratos de estos jóvenes ángeles que me han aligerado el camino, confirmo que cada niño en este mundo es auténtica bendición de vida y cada padre y madre que tienen el valor de traer un chiquito al mundo, no sólo llenan de luz su existencia, están con este acto, alumbrando la historia de muchos de los que comparten su viaje, aunque sea por ratos...



miércoles, 25 de enero de 2012

Amor bendito

La realidad es que te amo, amor mío
no te poseo, por que nada en este mundo me pertenece
y la eterna libertad genera vida, magia y sintonía...

No te poseo porque el viento no se atrapa
porque el agua está más viva si se deja fluir
porque te pareces a la magia que sostiene el universo
a la luz que vuela etérea inundando los espacios
porque no hace falta estar contigo, para estar en tí...

La realidad es que te amo, amor mío que no eres de mí
y mi amor está bendito porque se niega a morir...


viernes, 13 de enero de 2012

Amando el látido

Y a un año de estar peleando con mi corazón,
luchando con todas mis fuerzas por sacarte de él a patadas,
la luz llegó a mi cabeza haciendome ver gentilmente,
que el único modo de no amarte
es amarte en paz ... por el puro gusto de sentir el látido ... sin esperar reciprocidad...
amigo querido...




viernes, 6 de enero de 2012

Y la estrella sale

Queridos Reyes Magos,
los cazadores de estrellas que unen al mundo en pequeños establos...
unan mi mundo en su estrella
unan mis estrellas en mi mundo
y nunca nos nieguen la luz del amor.

domingo, 1 de enero de 2012

2011-2012

En el año más doloroso de mi vida, mi alma abierta y sangrante a lo largo y a lo ancho, no pereció. Más aún logró extirpar la pudredumbre causada por viejas heridas mal atendidas, no cicatrizadas. Arropada por el amor de mi familia, a quien yo creía tan lejana y ajena a mi vida... acompañada por la fuerza constante de mis más luminosos amigos, he ido regenerándome o quizá el termino más acertado sea renaciendo.
De algún modo me siento una nueva persona, porque conceptos que siempre maneje de una manera, ahora tienen un significado muy distinto: Amor, solidaridad, confianza, padres, familia, luz, fuerza interior, fuente, reposo, calma, Dios, maestro, Jesús incluso... Una nueva constelación de estrellas se ha creado en mi galaxia, generando un nuevo orden, una nueva dinámica de vida. En este mar de nueva luz voy haciendo mi bautismo, transformando mis sombras en luz y reconstruyendo mi vía para compensar mi propia vida y reparar el daño que he causado a tantos otros.
Sin embargo, mi ejercicio de comunión con el amor y la esperanza fue invadido anoche por la nostalgia de la noche vieja... El dolor, la ausencia de mis hijas, la culpa y de nuevo el dolor por mis erradas acciones me picó duro en la entraña y me hizo de nuevo temblar las rodillas. Lo bueno del caso es que la punzada no arrojó reproche ni lamento; de alguna manera el año 2011 se presenta para mi casi como una persona, un ser al que siempre recordaré con respeto, al que agradezco por la infinita sabiduría que trajo en su mano dura y pido perdón serenamente.  Gracias 2011, por el duro y hermoso recuerdo que dejas en mí.
Creo que sacudir en este lienzo mis nostalgias de noche vieja, me preparan para abrazar con gozo un 2012 que se anuncia como generador de nueva vida, el otro gran renacimiento, con gran esperanza de que sea el año del reencuentro. Un reencuentro dorado.
Ese será pues mi deseo de año nuevo para todos ustedes, ecos de este espacio cibernético. Quien quiera que seas, donde quiera que estés, ten un año 2012 lleno de reencuentros dorados.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Bautismo de vida

El día de hoy me sumergí en un bautismo de vida y juventud. Ríos de niños grandes, medianos y chiquitos, inundaron los pasillos de la feria en la que participo, salpicando de agua cantarina todos los rincones por donde pasaban.

Niños exultantes de vida, arrebatados de energía... Niños vivos y brillantes, para los que todo sucede AHORA. Luminosos protagonistas de un presente exitoso, atiborrado de instantes perfectos. Nudos de acierto, en proceso de encontrar la mejor ruta para recorrer el camino, que ya van andando.

¿Quién se atreve a canalizar a estos divinos núcleos de energía? ¿Quien tendrá la fuerza, la calma y la vida para encauzar tanta dicha? Seguramente aquel con suficiente luz en los ojos, para ver a través de la luz. El de suficiente fuerza en los brazos, para nadar de pecho en el mar de la alegría, surcando mil olas, dibujando sinfin de esthelas espumeantes...

Lo pienso y lo confirmo, son felices aquellos que pueden vivir su vida rodeados de la bendición infinita de los niños, esos que conectan sus corazones a la energía creadora de la juventud... Y como seres benditos, deberían ser protegidos y honrrados con todos los medios y cuidados... Hacerlo sería la máxima señal de reconocimiento, para aquellos que cuidan nuestros más preciados tesoros. Esos cachitos de estrellas doradas, que iluminan el santuario del AQUI Y AHORA.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Pacto de amor a mis hijas

Cada pacto de dolor que haces con la vida; cada anclaje con la rabia y la amargura, puede tener una resonancia inimaginable... Por eso, si en el tránsito de este viaje, el camino te lacera con sus espinas; si veleidosamente desprecias la infinita y delicada vida que te ha tocado, maltratándola y auntoinfringiendote dolorosísimas heridas.... toma de ese dolor unicamente la lección y abandona el latido punzante de tu Ego, en el más profundo de los pozos que encuentres por tu camino. Lánzalo lejos, a un hoyo negro lejanísimo y transfórmalo en luz....pues siempre es bueno heredar lecciones de vida a tu desendencia, pero jamás será buena dote, heredar dolor.



Por eso cada domingo, cuando tu ausencia me araña el alma y amenaza con embriagarme el llanto lastimero; por tí misma mi niña preciosa, me sacudó un poco y le cierro la puerta a ese dolor paralizante y cegador, que podría llevarme a transferir amargura y confusión a tu luminosa vida, que es en sí misma, amor.

jueves, 30 de diciembre de 2010

¡Felíz año nuevo!

Bien lo decía Sabina, los momentos de depresión y confusión, suelen ser tierra fértil para la inspiración. Yo estos últimos días, he encontrado trabajo en escribir mi blog, porque he estado prácticamente en éxtasis. Absorta en la contemplación de una cápsula de belleza que irrumpió en mi vida y absolutamente engolosinada con la sensación que este sorpresivo transe... Me hizo recordar cuando Rosmy me dijo, que la gente felíz no tiene nada que decir.

La satisfacción que producen este tipo de experiencias quasi-místicas, definitivamente te liberan de la necesidad de pensar, buscar, expresar e incluso crear transitoriamente.

La Sombra dice que la soledad nunca es real, es un sentimiento que sobreviene cuando olvidamos los grandes momentos de compañía de nuestras vidas. Bastaría con recordar a esos grandes acompañantes de los que se ha nutrido nuestra existencia, para que el sentimiento de soledad desapareciera. Lo mismo pasa con la infelicidad, no existe ese estado de miseria, es imposible pues contradice la vida misma que es luz, abundancia, comunión y belleza. Sólo existe el sentimiento de infelicidad, que sobreviene, cuando olvidamos recordar esos episodios de dicha, que nunca son cortos, simplemente son tan hermosos y placenteros que desearíamos que duraran para siempre.

Recuerdo que uno de mis años de régimen alimenticio para bajar de peso en el convento, es decir cada tercer año porque nunca formé la voluntad para medir mis antojos una vez salida de la dieta, una de mis compañeras flakas, siempre me prestaba su barra de chocolate cuando salíamos de paseo, y me dejaba que la oliera para saciar mi antojo, truco que invariablemente funcionaba. El aroma del chocolate me servía como paliativo suficiente para mi feroz antojo y regresaba a casa tan sonriente, como si de verda me lo hubiese comido.

Este año 2010 que a punto esta de culminar, ha sido por mucho uno de los años más completos, aleccionadores y satisfactorios de mi vida. En gran medida, si no es que en toda la medida, se debió al experimento de este diario, vehículo por el cual pude encontrarme con cada uno de ustedes y conmigo misma.

A lo largo de estas ciento dieciocho entradas, he afianzado mi amistad con los amigos de siempre, reencontre a preciosas amistades del pasado, reestablecí comunicación con mi desvalagada y muy querida familia y encontré maravillosos nuevos amigos que se me han dado a conocer con su arte, su mente única y la magia de la cercanía asombrosa de los desconocidos.

Luis-Ivan me ha enviado Luz como regalo de año nuevo y me ha parecido un regalo maravilloso. Así que sin temor a ofenderle con mi falta de originalidad, yo les mando el mismo regalo a cada uno de ustedes.

Que se vaya el 2010 lleno de nuestra gratitud y apego al recuerdo de todo lo bueno que trajo consigo. Que llegue el 2011 lleno de luz para cada uno de nosotros y esa luz haga resplandecer en nuestra mente y en nuestras voluntades, la certeza de que vivimos sumergidos en la belleza, sólo basta tenerlo presente.

¡Feliz año nuevo Chius! :)

domingo, 3 de octubre de 2010

Claveles rojos

http://zonaliteratura.com.ar/?page_id=895
Los moteles de mala muerte, son alumbrados invariablemente con luces amarillas. Amarillas mugre, amarillas grasa, amarillas caca de mosca, que se petrifica en su base,  hasta traspasar el vidrio. La luz manoseada, llena de sudor y cebo, propia de los amantes furtivos. El joven amante, miraba  a su novia recoger sus pantaletas y llevarlas de nuevo a su sitio, a través de ese baño cochambroso de luz bohemia.

Un desplante rebeldía, eso era lo que había empujado a la chica a cambiar el gusto de hacer el amor en su alcoba, por esa obsesión por andar hoteles baratos. Renovar la pasión disfrazándola de pronto de amor clandestino, otra de las tantas muestras que confirmaban a aquella hermosa mujer en su papel de gran amante. Mujer, hermosa, su mujer. El chirrido de la puerta apolillada lo sacó de su contemplación endiosada y brincó de la cama para seguirla, mientras ella le indicaba el camino con un gesto de la cabeza. La brisa helada de la madruga le abofeteo la cara y la fingida indiferencia de la chica, que se apartaba de él por metro y medio, le causó un espasmo de renovado deseo debajo del vientre. ¿Fingida indiferencia?...




Gladys comenzó a soñar con el día de su boda una tarde de mayo en la que el sol decidió quedarse a merodiar la calle en sus horas más avanzadas. Prendida de la mano de su madre, caminaba por la plaza frente a la Iglesia de la Inmaculada. Un auto de otra época, profusamente adornado con flores, se orillaba al pie de la escalinata de piedra y un par de hombres jóvenes, engalanados con impecables trajes de pingüino pero sin cola la esperaban. Los vio bajar con gran ritmo los escalones para abrir la puerta trasera de aquel automóvil nunca antes visto por un lado, y por el otro extender la mano a una novia iluminada con gotas de lucero, que con cuidado sacó una pierna y una mano que apoyó en la del hombre pingüino, haciendo palanca para lograr levantar el peso aplastante del vestido que la envolvía. La niña jaló a su madre para que se parara y le permitiera contemplar aquella escena. El sol, curioso y vagabundo, sonrío al ver asomarse la blanca figura y le regaló un par de besos, que se estrellaron en las gotas de rocío que adornaban su cabello, provocando una lluvia de estrellas ambarinas que deslumbraron los ojitos expectantes de la niña, apoderándose de toda la energía que emanaba su ser. Envidió a las niñas de vestidos bombachos, que se apresuraron a sostener la enorme cola del vestido de aquella novia, y ahí mismo decidió que el día de su boda, las pajes que sostuvieran su cola, llevarían un vestido con menos bombacho y muchas más flores. Flores en los hombros, en la cintura y en las coronillas. Flores del tamaño adecuado para cada destino, pero todas rojas, claveles rojos adornarían a sus pajes, así sería.




Las campanas de la Iglesia doblaron para recibir a la próxima esposa y la madre de Gladys instintivamente acercó el reloj de muñeca a sus ojos, arrebatando a la niña de un tirón, sus mágicos planes para poder continuar la marcha de regreso a su taller de costura.


Una mañana de abril, cinco mil cuatrocientos setenta y cinco días más tarde de aquel mágico encuentro, Rita, la madre de Gladys, se despertó al alba para ser la primera en la puerta de flores de la central de abasto. El camión llegó embriagando el ambiente de buenas noticias, los claveles asomaban por las rendijas de la caja del camión de redilas que se posicionaba en la plataforma, la mujer lo vio dar la vuelta y sintió el aroma, dejando que sus nervios se tornaran en sonrisa. Rezó que los claveles fueran rojos, que fueran perfumados, que fueran de diferentes tamaños y cerró tan fuerte los ojos mientras lanzaba sus plegarias a la diosa de las flores, que no se percató cuando la puerta del bodegón se abría. Un hombre de manos rasposas, la empujó por los brazos y entonces reaccionó. Los perfumes se mezclaban, pero la inconfundible fragancia de los claveles la atrajo a la esquina del fondo; sus ojos se crisparon al ver las cubetas de claveles blancos, seguidos por los color durazno, los jaspeados de violeta, los amarillos... y en un momento pensó desmayarse ¿por que lo había dejado para último momento?, ¿cómo no había escuchado a Susana y los había encargado exprofeso desde una tarde antes? ¿ por qué confiar en la popularidad obligada de los claveles rojos?. La flor más común del mercado, la que nunca faltaba, ¿había decidido faltar aquella mañana, justo cuando ella la necesitaba? Un portón apolillado chirrío a su derecha y vio salir al hombre de las manos rasposas abrazado a una cubeta llena de los anhelados botones carmesí. Atropelló a los que se interpusieron en su carrera por alcanzarlo, antes de que cruzara la cortina de ingreso. En su desenfreno, alcanzó al extraño con un empujón que lo hizo tambalear, olbligándole a soltar la cubeta por el suelo.


- Por favor no se enoje, necesito cinco docenas de esos claveles, sólo le pido que me ceda esas piezas - le rogó con voz angustiada


- Y yo que hago con el resto, si ya las mayugó todas por el golpe- le respondió con furia el hombre, que sacudía sus pantalones llenos de agua y ramas de flor.


Rita sintió terror, pues presentía que el manos ásperas, tomaría revancha aprovechando su desesperada necesidad. El hombre añadió :


- Mire, esta cubeta entera yo ya la había comprado y estaba destinada para hacer centros de mesa para un hotel de la zona alta. Le saco hasta diez veces a cada media docena, así que si quiere, se los vendo a cinco pesos cada uno


- Eso es cinco veces lo que cuesta, es un abuso señor.


- Yo no choqué con usted señora, y yo no necesito que mis flores sean rojas- concluyó el corrioso hombrecillo con una media sonrisa socarrona.


Rita sacó su monedero, extendió unos billetes violáceos a su explotador, y sintió con asco el roce áspero sobre sus dedos, cuando el agarraba el dinero. El tipo se metió el dinero en el bolsillo de sus pantalones de tergal marrones y con desdén estiró los zapatos lodosos para amontonar las flores desparramadas, cerca de donde aguardaba Rita, con ojos atónitos.


Gladys decidió tomar un masaje veinticuatro horas antes del gran evento, removió con cera miel cualquier vello no deseado de su cuerpo dorado y pidió que arreglaran sus uñas de pies y manos dejando pendiente sólo la última capa de barniz, que se haría aplicar una hora antes, para lucir perfecta. Descartó la opción de recibir el tratamiento de velo de novia, le hacía ilusión efectuar ese ritual en la intimidad de su cuarto de baño, mezclando con sus manos el bálsamo de miel, azúcar y aceite de almendras dulces, que ella misma había ideado.


La luz dorada de la miel mientras la vertía en el cuenco de porcelana que había destinado para ello, le recordaba aquellas estrellas ambarinas que la cegaron, esa otra tarde de mayo, cuando empezó a planear su boda. El olor de la mezcla hacía que sus labios se abultaran de deseo, imaginando con cuántos besos le escribiría en la piel a su amado lo mucho que lo anhelaba; sus manos extendiendo la pasta sobre su cuerpo, renovaban la conciencia de su propia belleza. Así era, ella misma tejía con cuidado su velo de novia, en un íntimo rito cargado de amor y deseo, anhelando en cada movimiento, el momento de llegar al altar y tomar ante todos el voto sagrado que la uniría a su hombre, sólo para después, colmar su ferviente ilusión, de hacer nido en la piel de su amado. Eso no lo sabía cuando era niña, pero ahora que ya era una mujer, y sus ansias palpitaban debajo de su vientre, mayor sentido cobraba aquel mágico rito, pues pocas cosas podrían ser tan dignas de celebrarse delante de todos, como aquel amor que la consumía en cuerpo y alma.


De niña tampoco sabía el significado del vestido blanco y jamás figuró que su idea de contrastar el ajuar de sus pajes con claveles rojos, iba a tener tanto que ver con lo que viviría antes de lograr concretar su sueño. Si bien sus ansias de entrega eran las de una virgen, la realidad era que su marido sería el segundo hombre en visitar su cuerpo y compartir su cama pero el primero en hacerse cómplice de su celebración de amor pública, ritual y sagrada. El primero, a quien recordaría en ese día con las flores rojas que adornaban su ramo y los tocados de sus damas, había dicho amarla mucho, pero nunca logró sintonizar con su plan de gran boda, hasta que Gladys decidió arrancarlo de su corazón para conquistar su meta, pues antes que serle fiel a él, con lo mucho que lo amaba, necesitaba ser fiel a sí misma. Rompió con él... ¿o no rompió?


Arcadio también sangró cuando Gladys lo dejó, pero el dolor se hizo verdaderamente intenso cuando la vio en los portales, del brazo de Emilio, entrando a la tienda de Novias de los Garrido. Un relámpago lo paralizó y su mundo comenzó a andar en cámara lenta fraccionándose en partículas cada imagen. Un campanazo le cimbró la cabeza y el aturdimiento lo acompañó por semanas, ocho largas semanas en las que los ratos de ira, sucedían a los de dolor; los de tristeza, a los de desconcierto para luego sumirlo en un silencioso vacío del que emergía sólo al calor de la excitación, esas tardes furtivas de pasión que ella le daba, en viejos moteluchos. No existía afán alguno de renovar la pasión, Gladys lo escondía en el cochambre de esos agujeros, sólo para tener sexo de compasión con él, o quizá porque ya no lo amaba pero aún lo deseaba.

 Si aún lo deseaba, era muy probable que aún lo amara, se decía después de cada encuentro, era sólo cuestion de tiempo, para que el peso de su amor se asentara y dejará por fin al monigote cuál única virtud era querer casarse. Sólo hacía falta tiempo.

Gladys salió del baño y se enrrolló en una bata mullida de algodón egipcio, que su hermana Verónica le había regalado especialmente para la ocasión. Secó con cuidado sus pies y humectó con esmero cada palmo de su piel con loción de rosas y almizcle. Vistió la lencería de encaje de seda blanco que Emilio le había regalado, y disfrutó desenrrollar suavemente las medias de finísimas hasta la mitad de sus muslos, las sujetó al liguero y se cubrió con una camisola de satín crudo que tomó de los pies de la cama. En ese momento su hermana Cristina llamaba a la puerta apurándola para que recibiera a Camila, la estilista del pueblo, que llegaba en ese momento para maquillarla y arreglarle el tocado. Tras su aprobación, Cristina y Camila entraron a la habitación y con la agilidad que dan quince años de experiencia preparando novias, en poco menos de una hora, habían dejado a Gladys convertida en la reyna perfecta para recibir el ajuar nupcial. Le ayudaron a meterse en el traje soñado, bordado de hilos de plata y cristales de Swarovski, que reflectaban la luz en mil estrellas, cuando los rayos de un sol trasnochado, se asomaban por la ventana para espiar a la novia. Al igual que la tarde en que comenzó aquel viaje, esa tarde se negaba a oscurecer y desparramaba luz ambarina por todos lados, festejando la fecha. La feliz novia jugaba con las cuentas de cristal aplicadas en su vestido, para deslumbrar a sus damas y pajes, bailotendo con los rayos del sol por la sala y arrancando las risas de todas a su alrededor.


Los destellos de los cristales, traspasaban los ventanales y caían en la banqueta de la acera de enfrente, donde un pequeño parquecillo lleno de arbustos mal cuidados y empolvados, ocultaba, sin demasiado disimulo, a un desvelado Arcadio que atisbaba la ventana esperando que Gladys se asomara. Tantas semanas de desazón habían embotado su mente, y ahora la angustia le hacía frotarse las manos compulsivamente y palparse los bolsillos casi con furia. Un destello le encandiló de lleno y la sombra de quien fuera su mujer hasta hace unas horas, se perfiló en la ventana con su tocado de novia lleno de luces de rocío, como el que tantas veces le contó había visto una tarde siendo niña, sonriendo radiante, mientras seguía jugueteando con sus damas. Un auto negro de otra época, se estacionó frente a la puerta de la casa y tras él, en un Malibú dorado, llegaba Emilio vestido de pingüino sin cola. El campanazo le cimbró la cabeza de nuevo, y vio la figura de Gladys esconderse coqueta tras la cortina para escapar a la vista del novio. Fue al hacer ese movimiento que una sombra entre los arbustos vecinos llamó la atención de la novia y fijó en ella su mirada, de tal suerte que movió el tocado hacia delante, lanzando un racimo de luces deslumbrante por la ventana, que abofeteó en la cara al espía, sobresaltando hasta la histeria en medio de la rabia que la pérdida irremediable de aquel día le producía., ¡él necesitaba más tiempo! Su mano desenfundó el revólver que escondía entre el cinto y los pantalones, cortó cartucho y lanzó un grito estruendoso mientras detonaba.


El cristal del salón estalló en mil pedazos y un charco de sangre hizo nido alrededor del tocado de luces de Gladys, que había caído de espaldas mientras la bala destrozaba sus sesos en el momento que su madre llegaba triunfante, con el ramo de botones rojos en la mano.













lunes, 6 de septiembre de 2010

Musa negra

Yo tuve claro que lo que quería hacer en la vida era escribir, más o menos un mes después de dejar el convento, mientras acompañaba a mi madre en una de sus visitas al hospital. Pero fue hasta hace unos cuatro meses, que conseguí romper el pánico escénico y soltarme a crear con la pluma; para ser precisos, unos treinta minutos después de terminar de leer “El Pibe que arruinaba las fotos” de Hernán Casciari comencé la primera entrada de este diario.



Desde entonces, mi pluma no paró hasta que hace dos semanas,  le llegó la sequía creativa. Cuando logras encontrar los medios para expresar tu alma, descubrirte de nuevo torpe y sin chispa para utilizarlos, si bien no causa angustia, lo deja a uno con una sensación inconforme de estar perdiendo el tiempo. No es lo mismo pasar tres noches sin dormir creando, que pasarlas tratando de crear sin conseguirlo. Son estos momentos de infertilidad los que nos fuerzan a reinventarnos, incrementan la paciencia y hacen voltear nuestra mirada hacia las musas.

Las musas andan flotando siempre en el aire, pero si no sabes descubrirlas con la mirada adecuada, no te regalan sus chispas de inspiración. Hay que saber cortejar y complacer a las veleidosas diosas del arte para recibir sus dones. Algunas veces hasta habrá que rogar su intercesión para que cedan, pero nunca hay que albergar duda ni desesperanza, más pronto que tarde, la creatividad despierta y la vida sigue fluyendo en nuestras obras.

Anoche mi musa apareció por fin en medio de mi habitación a eso de las tres de la mañana. Venía vestida de negro, me despertó con un susurro suavísimo y antes de incorporarme para saludarla, me pidió que por favor fuera paciente y guardara silencio. Una lucecilla blanca, pálida y casi agonizante cintilaba entre sus manos, pero sólo me la descubrió cien segundos más tarde. Me invitó a seguirla en un recorrido gótico por pasajes de ultratumba, en los que masas de oscuridad nos absorbían y expulsaban de nuevo al sentir la luz que mi musa portaba en las manos. El negrísimo camino fluía tan suavemente, que nunca apoyé mis pies en el piso, flotando iba tras ella dejándome sorprender por los contrastes que el trayecto sacaba a mi encuentro.

Nunca la oscuridad fue tan negra ni la luz tan blanca y no bien terminó el recorrido la musa se esfumó. Me dejó de nuevo en mi cama, exhausta por los contrastes de nuestro encuentro y me dormí tranquila por primera vez en cuatro noches.

Desperté tres horas más tarde apenas con tiempo para ducharme y correr al trabajo. Al saltar de la cama, me sentí de nuevo liviana, la carga de la inconformidad que arrastraba los últimos días, ya no me era lastre y una cosquillita en el pecho me robaba la sonrisa. Las manos andan inquietas y vamos a dejarlas ser, a ver ahora con qué mafufada salen.

La mirada ágil, el oido atento, nunca sabes tras qué sombra la musa te espera.