Tenía muchos años sin experimentar consonancia íntima con las celebraciones cristianas de la Semana Santa. Este año, alejada del bullicio del centro vacacional donde vivía y al abrigo de las fiestas del pueblo, recordé lo que eran para mí estos días en otras épocas y al tiempo, he podido vivirlos bajo una luz completamente diferente... Quizás por primera vez he compartido los momentos de prueba de Jesucristo desde lo más hondo de mi ser... mejor aún por primera vez he comprendido la esencia de la prueba.
Parece ser que todo este misterio de dolor, muy poco tiene que ver con pecado, culpa, separación y muerte... vislumbro un sabor a unión permanente en el amor, vida, regeneración infinita y luz. Parece ser que el viento de estos días me susurra al oido: Recuerda, nada ni nadie puede separte de tu Ser que es infinita generosidad, constante compañía, comprensión ilimitada y Vida permanente. Parecen ser los días de la unión indivisible...
Mi querido tío Celso dice que mientras los jóvenes son una inyección de energía, los niños son una bendición de vida. Tengo la fortuna de ser madre de dos pequeñitas hermosas que confirman esta afirmación, y en estos meses desérticos lejos de ellas, la bendición en forma de niño me ha llegado a través de los hijos de mis amigas.
Dyer recomienda mantener la armonía con la Fuente de Vida, colocando instantáneas que representen situaciones hermosas, en los lugares de trabajo y vida cotidiana, a fin de siempre contar con elementos que nos recuerden, lo magnificamente abundante, bondadosa y generosa que es nuestra existencia.
Mi trabajo en este tiempo es intinerante y mi hogar está en proceso de construcción, así que con el fin de no olvidarme nunca de los hermosos momentos que han nutrido mi historia gracias al contacto con estos niños, he decidido hacer algunos retratos escritos de mis tiernos angelitos, para llevarlos a todos lados conmigo. Las instantáneas revelarán por sí mismas, que no tienen ningún orden de importancia, simplemente seguiré un órden alfabético para saber por dónde empezar:
Alex
Alex es un estilizado angelito de rubios cabellos y ojos de estrella, que disfruta su elevada condición saltando de nube en nube y regalándo a su madre plumas blancas con las que acaricia su alma, siempre que su guerrera progenitora se encuentra afligida y necesita una caricia divina que le infunda ánimo. Es rápido como la luz, cálido como los rayos del sol y poderosamente lleno de paz. Alex me ha hecho compañía algunas tardes en una torre altísima perdida en algún monte del Bajío, cuando visitando a su madre me ha regalado graciosamente, la energía de su vaporosa presencia...
Emilio
Si el pequeño Emilio se convirtiera en un artefacto, sería sin duda un cascabel, pues reune todos los atributos de tan festivo objeto: Es brillante, astuto, alegre, coqueto y traviesón... Como aún es muy pequeño habla poco con palabras, pero se vale de pícaras miradas y graciosos gestos, para siempre salirse con la suya. Podríamos decir que es como esos ladrones elegantes que salen en las películas de época, tan seductoramente sinvergüenzas, que sin importar lo que te quiten, siempre te dejarán con una amplísima sonrisa y buen sabor de boca. Emilio es una pequeña esfera de energía cargada de música y sonrisas... instantes perfectos de alegría pura en forma de niño...
Fer
El viejo oeste había sufrido siglos de penurias, porque no había llegado la valiente vaquerita Fer, con su corazón gigante, a salvarlos y brindarles un mundo más justo. La pequeña Fer, aprendió a proteger y llenar de cariño a sus seres queridos, mucho antes de aprender a andar y ni se diga a hablar... Fue privilegiada con un sexto sentido, que le permite llegar siempre a tiempo para defender a sus primos, amiguitos e incluso verdolagones tíos consangüineos y postizos, de cualquier amenaza física o sobre natural que los asolara. A mí por ejemplo, me cubría con sus tiernos bracitos para evitar que la tristeza me sometiera y me daba esperanza de pupila a pupila, mirándome con ternura directamente a los ojos, hasta estar completamente segura de que su mensaje había sido comprendido. "Todo está bien Chiu" me decía con sus castaños ojos de dulce luz... "no hay por qué preocuparse"... Y Fer la vaquerita, nunca se equivoca...
Iñaki
Mientras el lejano oeste es protegido con celo por mi tierna vaquerita, la ciudad puede dormir tranquila, Súper Iñaki está siempre atento y vigilante, dispuesto a poner todos sus superpoderes al servicio del universo. Y es que no hay ser con mayor fuerza en esta vida, que aquél que tiene la absoluta certeza de poder hacer TODO lo que se propone. Este coqueto pequeñín lo tiene claro y por eso no hay obstáculo capaz de bloquearle el camino. Es increíble la fuerza que puede irradiar un chiquitín de escasos cuatro años y lo mucho que su serena determinación puede enseñar a quienes ya llevamos casi cuatro décadas andando.
Juan Pablo
Pensar en Juan Pablo es recordar al sol y todos sus atributos, pues al igual que el astro mayor, este fascinante niño transmite con su ser una suerte de sabiduría atemporal, digna de sorprender a muchos. Luminoso, magnánimo, cálido y preciso... Compartir una tarde con Juanpis es tan agradable, como un buen baño dorado en la playa: Restablece la ruta, al tiempo que proporciona un amoroso descanso. Mente sagaz y lengua dorada... escucha, procesa y expresa, creando siempre elocuentes maneras de compartir su sentir con quienes le rodean y para mí fue una suerte estar cerca...
Samuel
Cualquiera que necesite aprender la alegría de vivir, debería pedir una cita con Sammy, quien con su enorme sonrisa podría enseñárselo en una sola mañana. Y es que este hermosísimo pequeño, sonríe con toda el alma, ama estar con la gente y regalar dicha a quienes comparten su espacio con la absoluta pureza de su ser y ésta es tan grande que parece que el enojo o el mal humor no se inventaron en su sistema y mira que si hay alguien que deba esforzarse por andar en esta vida, es el joven Samuel sin duda alguna. Yo por eso siempre que me canso o empiezo a coquetear con el enojo, cierro los ojos y evoco la cantarina sonrisa del bello Sammy... remedio infalible para aferrarme a la alegría.
Y habiendo terminado los retratos de estos jóvenes ángeles que me han aligerado el camino, confirmo que cada niño en este mundo es auténtica bendición de vida y cada padre y madre que tienen el valor de traer un chiquito al mundo, no sólo llenan de luz su existencia, están con este acto, alumbrando la historia de muchos de los que comparten su viaje, aunque sea por ratos...
Con alma y cuerpo restablecidos, Sonia decidió hacer rendir su experiencia atesorando la lección. Tras cuatro décadas de descalabros, había aprendido a respetar sus errores, analizándolos con la debida claridad para evitar repetirlos. Esa claridad, ofuscada por su ego tantas veces, era más sencillo encontrarla consultando a los sabios que animaban su ruta. Había un sabio para cada ocasión, y el adecuado sin duda para esta, era un Kamaleón dorado que habitaba en un castillo de esmeralda.
Aquel singular bicho superdotado, veía la vida siempre desde una perspectiva relajada, bondadosa y graciosa. Creía férreamente en sí mismo, y esa confianza, núcleo a su ver de cualquier historia en el universo, era la que intentaba transmitir a su despistada discípula, que si bien no entendía nunca todo lo que le decía, siempre descubría un poquito de sí misma en las máximas Kamaleónicas, razón por la cual siempre le consultaba.
Para esta ocasión el mensaje no fue muy diferente, pero sí mucho más enérgico... el sabio dorado empezaba a cansarse del afán desmedido de Sonia por entregar su vida sin límites a sus enamorados, perdiendo control de su energía, de sus objetivos y de su historia misma. Se encontraba ya a la mitad del camino muy probablemente, era el momento preciso para intentar enseñarle de una vez por todas, que "nuestra vida es nuestra y no podemos darla en concesión para cualquier uso".
Sonia escuchó con respeto y comprendió la verdad de lo que le decía el sabio... finalmente se percataba de cuánto tiempo y esfuerzo había dedicado desde siempre a observar a otros, perdiendo en ese intento, la capacidad de conocerse a sí misma en toda su realidad y valía. Viéndolo de esa manera, estar sola no era otra cosa, que estar "en grata compañía".
En un arranque de auto respeto, Sonia decidió dar el último adiós a su amor no correspondido... Sabía que era el paso obligado en su trabajo interior... era la única forma de salir de su viciado ennamoramiento, tras haberlo intentado todo. El calendario marcaba una fecha crucial en su vida, en tan sólo cinco meses más, estaría de nuevo a cargo de su familia, por tanto ese tiempo tendría que ser aprovechado al máximo en la labor de fortalecimiento interior y financiero. Toda su energía tendría que centrarse en la reconstrucción de su hogar, ya no podía darse el lujo de seguir gastando fuerzas en celos o tácticas infructuosas de conquista. Por todo esto, con el alma en vilo y la boca seca, se armó de valor y dijo un adiós con sabor a hiel.
Cuán confundida se sintió al percatarse, tras dos días de la amarga despedida, que se sentía tan pérdida y rota como cuando tuvo que dejar su casa, nueve meses atrás. De la nada el miedo, la falta de confianza en sí misma o en los frutos de su trabajo, el derrotismo e incluso la idea de muerte, regresaron a su mente con una fuerza muy similar a la experimentada en los días del quebranto.... Qué soledad tan lastimosa, qué debilidad tan angustiante.... cuánto miedo súbito tras tantas mañanas de meditación y trabajo interno y sin embargo... la certeza de haber hecho lo correcto. Era sólo cuestión de tenerse paciencia, mirar el sueño acariciado y dejar que las horas hicieran misericordia con su alma friolenta, ayúdandole a sacar, minuto a minuto, el eco de la voz amada, de su sistema.
A diferencia de nueve meses atrás, Sonia había decidido compartir su pesar con sus amigas y un jóven ángel rockanrrolero al que gustaba visitar. Era su forma de prevenir que aquella desolación pasajera, se convirtiera en desesperanza. Prontas a la llamada de auxilio, su amiga Ambar la arropó con una manta de lana, hermosas meditaciones y divertidos consejos. Lucero por su parte limpió su cuerpo con papel mágico, armonizando su energía espíritual y fortaleció su energía bioquímica, con una microdosis de Lexotam. Finalmente el Angel rockanrrolero susurró un muy suyo "está loco, pero haz hecho lo correcto", en un fresco intento por regresarle la fe en sus desiciones...
Sonia fue aclarando su visión y aligerando su alma con la ayuda de sus solícitos amigos y decidió terminar de fortalecerse con un buen plato de sopa de zuchini, parmesano y albahaca, que en la primer cucharada pudo transportarla a aquella hermosa tarde soleada y vivaz en la Piazza de Sienna, cuando la vida le pareció tan ligera y bella, como en realidad siempre lo es... a pesar de lo que venga.
Queridos Reyes Magos,
los cazadores de estrellas que unen al mundo en pequeños establos...
unan mi mundo en su estrella
unan mis estrellas en mi mundo
y nunca nos nieguen la luz del amor.
El día de hoy me sumergí en un bautismo de vida y juventud. Ríos de niños grandes, medianos y chiquitos, inundaron los pasillos de la feria en la que participo, salpicando de agua cantarina todos los rincones por donde pasaban.
Niños exultantes de vida, arrebatados de energía... Niños vivos y brillantes, para los que todo sucede AHORA. Luminosos protagonistas de un presente exitoso, atiborrado de instantes perfectos. Nudos de acierto, en proceso de encontrar la mejor ruta para recorrer el camino, que ya van andando.
¿Quién se atreve a canalizar a estos divinos núcleos de energía? ¿Quien tendrá la fuerza, la calma y la vida para encauzar tanta dicha? Seguramente aquel con suficiente luz en los ojos, para ver a través de la luz. El de suficiente fuerza en los brazos, para nadar de pecho en el mar de la alegría, surcando mil olas, dibujando sinfin de esthelas espumeantes...
Lo pienso y lo confirmo, son felices aquellos que pueden vivir su vida rodeados de la bendición infinita de los niños, esos que conectan sus corazones a la energía creadora de la juventud... Y como seres benditos, deberían ser protegidos y honrrados con todos los medios y cuidados... Hacerlo sería la máxima señal de reconocimiento, para aquellos que cuidan nuestros más preciados tesoros. Esos cachitos de estrellas doradas, que iluminan el santuario del AQUI Y AHORA.
Cada pacto de dolor que haces con la vida; cada anclaje con la rabia y la amargura, puede tener una resonancia inimaginable... Por eso, si en el tránsito de este viaje, el camino te lacera con sus espinas; si veleidosamente desprecias la infinita y delicada vida que te ha tocado, maltratándola y auntoinfringiendote dolorosísimas heridas.... toma de ese dolor unicamente la lección y abandona el latido punzante de tu Ego, en el más profundo de los pozos que encuentres por tu camino. Lánzalo lejos, a un hoyo negro lejanísimo y transfórmalo en luz....pues siempre es bueno heredar lecciones de vida a tu desendencia, pero jamás será buena dote, heredar dolor.
Por eso cada domingo, cuando tu ausencia me araña el alma y amenaza con embriagarme el llanto lastimero; por tí misma mi niña preciosa, me sacudó un poco y le cierro la puerta a ese dolor paralizante y cegador, que podría llevarme a transferir amargura y confusión a tu luminosa vida, que es en sí misma, amor.
El amor me va haciendo la vida y me deja incapaz de expresarme. Pienso mucho y sin embargo, no aterrizan las palabras en mis dedos. Mi angustia empieza a fundirse en la serenidad y mis desvelos de remordimiento, clarean ya entre plegarias de misericordia. El perdón generoso, llega sin hacerse esperar. La sintonía afina los canales por los que me comunico y escucho cantar el agua. En medio del absoluto despojo, mi diminuto universo empieza a ordenarse, a ganar sentido en suave libertad. Estoy en la Fuente y la única máxima en la que he creído toda la vida, se reafirma gigantesca: El amor es infinito y siempre nos cobija.
Amamos siempre y para siempre y si alguna vez lastimamos a alguien en un arranque de pasión, el amor irremediablemente nos unirá de nuevo en el perdón. Perdón que pido, perdón que doy, perdón que recibo.
Y de acuerdo a mi deseo, todo se construye de cero, desde los cimientos, con sabia lentitud, en armonioso orden. Mi corazón unificado cobija a mis retoños; mi pecho se vuelve un lugar seguro, en el que ellas se cobijan y crecen... donde les toque estar en cada momento.
La Navidad finalmente llegó, se fue y resultó mucho mejor de lo que me esperaba. Los abues se fueron a México, según lo previsto y mis pequeñas se fueron a casa de sus abuelos paternos a disfrutar de una Navidad especial con su padre, sus tíos Ana e Iván venidos de Madrid y los abuelos por supuesto.
Nadicu, por su parte, también se quedó sin hijo, pues el pequeño Leo también se fue a casa de su padre a celebrar con éste y su abuela Maricarmen. Por lo tanto eramos un par de divorciadas, sin hijos por una noche, dispuestas a disfrutar la noche, o al menos eso nos proponíamos...
Reservamos en un restaurante de espadas brasileiras al que llegamos derrapando, pues ambas tuvimos un día de trabajo bastante cargado. En lo personal, no solo llegué derrapando, sino llena de ilusión por devorar tiras de carne, de hecho fue tanto mi interés por disfrutar esa cena, que desayune licuado de proteína, comí licuado de proteína y por colación me conforme con dos vasos de vino blanco. Todo mi apetito, había sido cuidadosamente reservado para la gran cena.
Con semejante apetito, la cena no podía ser más que un éxito, pero añadiendo que Nadicu estuvo de lo más divertida y platicadora, se convirtio en un mega éxito. El único problema que nos topamos, fue que la amiga, comió tanto, que al finalizar la cena ya no podía ni moverse, por lo que no nos quedo más remedio que regresar a casa a media noche, sin baile, ni fiesta ni ligue...
Una nochebuena tranquila, precediendo una muy apacible Navidad, en la que libre de crudas, recalentados, añoranzas e hijas armando juguetes, me dedique a sentir la vida acariciándome la piel, hundiéndome en el sentido mismo de esta legendaria fiesta. Navidad, natividad, nacimiento... el despertar a la vida, que es en sí misma una caricia.
Este día no necesite hacer nada, ni hablar con nadie, ni estar en ninguna compañía para sentirme viva y disfrutar mi existencia. Este momento de quietud le dio un nuevo brillo y significado a esa frase que vengo repitiéndome desde hace años: Soy más que mi historia, soy más que mis errores, soy más que mis éxitos, soy más que lo que hago...
Soy y eso es más que suficiente y en este gozo de vida, recordé mi canción navideña preferida, por siempre, por alegre y pegajosa:
La línea entre disfrutar la vida y temerla es tan sutil, que por eso cuesta tanto recuperar la correcta perspectiva cuando nos invade el miedo...
No es lo mismo escalar una montana llena de cansancio y miedo, que con el pecho hinchado de entusiasmo por la aventura.
Es largo y espinoso el camino pero la certeza de la victoria es inquebrantable y por eso seria un desperdicio negarse un triunfo certero, hay que mantenerse siempre situada en la belleza...
Sentir un aguijón de conmoción en el centro del vientre, puede significar el nacimiento de una aventura o el descubrimiento de un rincón del alma que no habíamos notado antes que existía. El alma es el espacio infinito en que transcurren nuestros días, tan basto y misterioso, que nunca terminamos de descubrirlo. La intuición de esa eterna grata sorpresa por venir, es lo que nos ata a la vida. La ignorancia de su fuerza, nos hunde en la estupidez de la desesperanza, agría, monótona, estúpida, ciega...
El vientre aguijonea de dolor en circunferencia cuando se va a abrir para que una criatura nazca. Causa estertores violentos que paralizan los brazos, que engarrotan las piernas y te obligan a crear una nueva forma de respirar que no conocías, una forma de utilizar la vista por dentro, para guiar a tu hija por el canal de parto hasta la salida, a concentrar tu energía para darle a él o ella el empujón que necesitan para respirar por fin por sí mismos. Conocer a un hijo recién parido, es abrazar un trozo puro de alma que tiene todo por descubrir. La más grandiosa de las promesas.
El dolor anuncia la vida, el dolor la precede, el dolor la acompaña y la mantiene viva. Resistirse a su daga es negarse la posibilidad de seguir descubriéndo el alma, con el universo de posibilidades que encierra. Quien se cierra al dolor se consume y aborta la promesa única de la propia existencia. El que lo descubre como anuncio de vida, no lo maldice ni se amarga; no le teme, no se agota. Una madre sabe esto porque pare muchas veces a cada uno de sus hijos y en ellos reconfirma la certeza de que, a cada punzón doloroso, le sigue una dicha deslumbrante.
Ser madre es regalar vida por partida doble, la del ser que permites se engendre en tu vientre y la propia que crece, renace y se hace nueva cada vez que se adapta a un camino diferente. Se puede ser madre de muchas distintas maneras, puedes ser madre de un hijo que enjendras, de un hijo que acoges, del amigo que consuelas, del discipulo que guías, del proyecto que creas o del sueño que conquistas.
Hay mujeres madre y hombres madre; comunidades madre; maestros madre; sufrimientos madre; situaciones madre... todo ser capaz de acoger un dolor que antecede un nacimiento creador, es capaz de engendrar vida. El que teme al dolor, lo espanta y le rehuye, se condena a sí mismo a la soledad lastimosa de la roca estéril, que tarde o temprano habrá de caer al vacío.
Ser madre es la capacidad creadora de seguir siendo tu, en el caos permante del cambio de planes, desparramando vida, gozándola plena en la certeza que, no hay más sentido que buscarle a los días, cuando se sabe disfrutar la propia existencia.
Pasar una noche en vela charlando con un buen amigo, disfrutando un buen vino y buena música, es en sí misma una experiencia placentera. Lo es también aplazar las horas de sueño cuando se arma una buena fiesta y puedes bailar con la luna toda la noche y dar la bienvenida al sol entre copas y chistes. Lo curioso es que, los efectos de este tipo de desvelos resulten también placenteros.
Es muy probable que me encuentre sola en esta afirmación, ya que lo común tras una noche de parranda, del tipo que sea, es pedir perdón al día siguiente por todos nuestros excesos y prometer sobre el fuego no volver a hacerlo. Así que, con la certeza de que mi declaración confirmará mi fama de alien inadaptado, les confieso que yo disfruto mucho las mañanas que siguen a una noche de grato desvelo voluntario.
Dados mis horarios de trabajo y obligaciones de madre de dos pequeñajas llenas de energía, sigo “en vivo”, como decimos acá, todas mis actividades después de la fiesta. Sólo un baño un poco más prolongado de lo usual marca la diferencia entre un arranque de mañana normal y uno que sigue a la juerga. Mi estado de ánimo y mental mientras sigo mi programa de actividades, es sin embargo muy diferente; ejecutar cada acción en cámara lenta le da tiempo a mi mente de apreciar y descubrir detalles que en la velocidad habitual pasan desapercibidos, transformando la rutina de mis días en una vivencia renovadora. Me gusta pensar que es como si diera “restart” a mi vida y todo en ella arrancara con nuevo impulso y mayor orden. Aún cuando los hechos en sí no cambian y las variables se mantienen, de pronto parece que los problemas no son tan abrumadores, ni los trabajos tan trabajosos.
Es muy probable que yo lo mal entienda y esta frescura post desvelo, no se deba al desvelo en sí sino al buen rato que lo propicio; me pasa a menudo eso de equivocarme e importa poco. Mucho importa sin embargo, aprender a descubrir esos placeres que le renuevan a uno la vista, la mente y la vida para procurarles siempre un rato en la agenda. Cada uno tiene su modo de refrescarse y por lo general es simple propiciarlos.
Caer en la trampa de saltarnos los ratos de esparcimiento bajo pretexto de tener demasiado trabajo, demasiados problemas o abrumantes preocupaciones sólo contribuye a volverlo todo mucho más confuso y pesado de lo que en realidad es. Regalarse un buen rato en cambio, pone todas nuestras penas en perspectiva y nos ayuda a descubrir que el panorama general de nuestra historia, la famosa “big Picture”, es mucho más hermosa y divertida de lo que nos habíamos percatado.
Así que ya saben tan sagrado como el tiempo de trabajo, es el tiempo de relajo.